Cuando todo empezó a verse bien... y también a verse igual
La democratización del diseño elevó la calidad visual, pero también hizo que marcas, sitios y contenidos comenzaran a parecerse. Una reflexión sobre IA, convergencia estética y mirada humana.
Era entretenido caminar por el centro de Santiago.
Cuando recién había salido de la universidad, tenía esa mezcla peligrosa entre entusiasmo y arrogancia que tienen muchos diseñadores jóvenes. Miraba letreros, vitrinas, pendones, avisos y pensaba:
“Esto se podría haber hecho mejor.”
Y, siendo justos, muchas veces era verdad.
Había composiciones extrañas, tipografías imposibles, colores que parecían elegidos con los ojos cerrados y logos que probablemente habían sido creados por el sobrino del dueño en una tarde de domingo.
Pero había algo que hoy extraño.
Eran distintos.
Cada negocio parecía tener una personalidad propia. Algunas buenas, otras malas, otras francamente cuestionables, pero eran únicas. El centro era una especie de mosaico gráfico donde cientos de empresas intentaban destacar a su manera.
Era imperfecto.
Era caótico.
Era humano.
Y sobre todo, era diverso.
Hoy la situación es distinta.
Curiosamente, el nivel promedio del diseño ha subido muchísimo. Herramientas como Canva, Figma, Adobe Express, Midjourney, Firefly, ChatGPT y decenas de plataformas impulsadas por inteligencia artificial han democratizado el acceso al diseño.
Lo que antes requería contratar una agencia o un diseñador especializado, hoy puede resolverse en una tarde.
Y eso, en muchos sentidos, es una excelente noticia.
Las pequeñas empresas pueden verse profesionales. Los emprendedores pueden lanzar una marca sin gastar millones. La calidad visual mínima del mercado ha aumentado enormemente.
Pero hay una consecuencia inesperada.
Cada vez más cosas se parecen entre sí.
Los mismos degradados.
Las mismas ilustraciones.
Las mismas fotografías.
Los mismos estilos de iconografía.
Las mismas estructuras de sitios web.
Los mismos textos.
Los mismos prompts.
Las mismas referencias.
Es como si hubiésemos reemplazado el caos creativo por una especie de orden algorítmico.
Y la pregunta es interesante:
¿Estamos diseñando mejor o simplemente estamos diseñando igual?
La paradoja de la democratización
La inteligencia artificial y las plataformas modernas hicieron algo extraordinario: redujeron las barreras de entrada.
Hace diez años, una pyme con pocos recursos probablemente tendría una identidad visual bastante amateur.
Hoy puede acceder a resultados visuales sorprendentemente buenos.
Pero cuando millones de personas utilizan las mismas herramientas, entrenadas con los mismos datos y optimizadas para producir resultados que funcionen para la mayoría, ocurre algo inevitable.
La convergencia.
Los investigadores llaman a este fenómeno “homogeneización creativa” o “convergencia estética”.
La idea es simple.
Cuando los sistemas recomiendan las mismas soluciones, las personas terminan tomando decisiones parecidas.
No porque sean menos creativas.
Sino porque las herramientas están diseñadas para ofrecer respuestas seguras.
Y las respuestas seguras rara vez son memorables.
El problema de parecer profesional
Durante años el desafío era verse profesional.
Hoy el desafío es verse diferente.
Porque profesional ya no es una ventaja competitiva.
Es el punto de partida.
Cuando todos tienen acceso a buenas plantillas, buenas fotografías, buenas tipografías y buenos asistentes de IA, la calidad visual deja de ser un diferenciador.
La diferenciación vuelve a depender de algo mucho más difícil.
Las ideas.
La estrategia.
La personalidad.
La capacidad de tomar decisiones que no están en una plantilla.
Lo curioso es que la IA no es la culpable
Sería fácil culpar a la inteligencia artificial.
Pero creo que el problema es más profundo.
Las herramientas siempre han influido en los resultados.
Antes eran los bancos de imágenes.
Después fueron los frameworks de diseño.
Luego llegaron las redes sociales.
Ahora es la IA.
La tecnología cambia, pero la tentación sigue siendo la misma: elegir el camino más rápido y más seguro.
Y normalmente el camino más seguro es el que ya eligieron todos los demás.
Quizás estamos entrando en una nueva era
Tal vez estamos viviendo un fenómeno parecido al que ocurrió cuando apareció la fotografía digital.
Al principio todos hacían lo mismo.
Con el tiempo comenzaron a aparecer personas que utilizaban la herramienta de formas inesperadas.
Quizás ocurra exactamente lo mismo con la inteligencia artificial.
Cuando todos pueden generar imágenes espectaculares, las imágenes espectaculares dejan de sorprender.
Cuando todos pueden crear contenido rápidamente, la velocidad deja de ser una ventaja.
Y cuando todos pueden verse profesionales, la verdadera diferencia vuelve a estar donde siempre estuvo.
En tener algo interesante que decir.
Porque al final, la herramienta nunca fue la ventaja.
La ventaja era la mirada.
Y esa, por ahora, sigue siendo humana.